Bonita Vida: donde María te recibe como en casa
Té, dulces y cocina marroquí-española en Schamann
Érase una vez una niña de pelo rizado y ojos grandes que observaba desde un rincón de la cocina cómo su tía, Fátima, preparaba un verdadero festín de calderos exorbitantes que daría de comer a vecinos, familiares y amigos.
Entre risas y guisos, aquella niña aprendió en casa el arte de ser anfitriona, algo que años después pondría en práctica en su propio negocio.
Lejos de aquella cocina aromática, María nos recuerda cada día lo bonita que es la vida.
En la calle Núñez de Balboa, 5, en Las Palmas de Gran Canaria, se encuentra Bonita Vida. No es un restaurante cualquiera, ni un café al uso. Es el espacio que María abrió en diciembre de 2025 para llevar a cabo lo que mejor sabe hacer: recibir como una anfitriona de verdad.
María llegó a la isla siendo tan pequeña que el acento canario se instaló en su voz para siempre. Y ella sonríe, porque ese acento es el puente entre dos orillas, entre dos cocinas, y entre dos memorias.
Mientras habla, sirve un café con bebida de avena a una clienta que disfruta de su tostada con la parsimonia de quien sabe que hay gestos que no admiten prisa.
“Me gusta el buen comer y por eso es por lo que yo decido que quiero abrir algo así fusionado, con productos de ambos lugares, porque yo creo que las fusiones siempre son maravillosas”, explica la propietaria de Bonita Vida.
Y así es como se construye su carta, como ejemplo, un zaalouk: ensalada marroquí de pimiento asado, tomate asado, ajo y cilantro, al que le añade un imprevisto ibérico por encima —”Una mezcla total” asegura—. Cuando abrí aquí, la puse y a todo el mundo le encantó”.
También se puede probar su tajín de cordero con ciruelas negras y almendras, el pollo con cebolla caramelizada o la ensalada de berenjena hecha como antiguamente. Porque ella también defiende lo tradicional sin complejos.
“Yo entiendo que lo moderno es muy bonito, pero el plato de la abuela no lo podemos olvidar. A mí me encanta un potaje de berros, pero si me lo pones en una buena cazuela, me lo como mejor”.
Nunca un nombre fue menos accidental. Bonita Vida es la traducción literal de los nombres de sus hijos. Y con ese mismo espíritu —bonito, vivo— María atiende cada día en este espacio de Schamann donde cualquiera es bienvenido.
Qué encontrarás en esta cafetería
Bonita Vida es el lugar perfecto para viajeros que buscan un desayuno distinto, para amantes de la cocina marroquí auténtica, para vecinos del barrio que necesitan un sitio acogedor donde tomar algo. Y para cualquiera que quiera sentirse como en casa.
Desayuno y merienda
El té se sirve con ceremonia. Los dulces marroquíes son un éxito inesperado. Y luego están esas tostas que María vende con tanto amor y que se han convertido en uno de los platos estrella.
“Mucha gente viene porque lo ha visto en redes sociales y quiere tomarse el té”, afirma María. Otros llegan porque les recuerda a su viaje a Marruecos. Y también entran personas que vivieron en Marruecos y les recuerda su niñez, o gente joven que después le dicen: ‘Tengo que traer a mi madre.’”
Almuerzo
En carta suele tener tajín, pollo al tajín o con ibérico. Siempre hay un plato del día que va cambiando. Los viernes, siempre, cuscús: de pollo, de ternera, o de cordero. A los clientes de Bonita Vida también les gusta mucho la jarra (sopa árabe).
Sus platos encuentran su ancla en los recuerdos de infancia. En los calderos de su tía Fátima, gran cocinera “de bodas” en Marruecos. En su madre. En los sabores que la hicieron quien es. En perfume de las especias…
“Las especias hablan”, dice María, que compara esa fragancia evocadora que revolotea por la sala a un perfume: el olor atraviesa la memoria de forma directa, como una flecha que transporta a la niñez, para herirnos dulcemente con el recuerdo de las cosas que solías comer en esa época más simple.
La mejores anfitrionas
Como sus antecesoras, María lleva la hospitalidad en la sangre. “A nosotros nos encanta que te sientas como en casa” ofrece la propietaria.
Ella cuida a la gente. Ve qué necesitan. Sabe cuándo alguien llega con el semblante de tristeza. Pone mensajes bonitos en las cajas.
“Yo quiero que el corre-corre lo dejen fuera” afirma sin perder la sonrisa.
Layla es su supercompañera. Ella es quien cocina.
María tenía muy clara la idea: quería repostería fresca y que la gente viera cómo se hacía. Una clienta le pasó el contacto de una amiga que había trabajado 10 años en hostelería, pero ya no quería seguir en el sector. “Le conté mi proyecto y aceptó. Es una mujer de palabra”.
Para ella el ambiente es muy importante. “No todo vale en la hostelería” aborda la propietaria de este negocio situado cerca de donde ella y su marido viven.
Se plantearon abrir en zonas más céntricas, en Triana o Vegueta. Pero ella quiso abrir en Schamann, con el convencimiento de que la Ciudad alta es muy grande y no existen muchos sitios donde tomar algo.
Y así fue. Bonita Vida abrió sus puertas en diciembre de 2025 en un barrio que necesitaba un lugar donde las especias hablaran, donde el té se sirviera con tiempo, y donde alguien nos recordara que la vida es bonita.









